miércoles, 21 de noviembre de 2012

Ya no


Sin embargo el problema no era ese y quizás nunca lo fue.
No fui yo la ecuación mala, lo fue el.
Porque yo al quitarle el lienzo que le cubría y al verle su lado oscuro, su otro lado de la moneda, lo acepte, lo acepte con tal fuerza de adhesión ajena a mis deseos.
Pero entonces, le tocaba a el aceptarme, y al quitarse de sus ojos la idolatría que me tenía, no me acepto, me rechazo con la misma fuerza con la que alguna vez me amo.
Maldito sea el día en que sucedió  porque llore y una parte de mi se ausento, quizás mi mente, quizás mi razón, quizás el alma misma.
Porque al aceptarle yo sus defectos, sus debilidades, sus tristezas, el simplemente se prometió a si mismo no volverme a ver, no volverme a hablar, ni siquiera mirarme a los ojos.
No importa cuanto te lloré, cuando implore tu regreso, cuanto te escribí, cuanto te recordé, ya no importa, ya no importa nada de eso, porque desde mis adentros te grito: ya no mas, después de tres años ya no eres más ese pensamiento intenso, ya no eres mas mi delirio, ya no eres mas mi objetivo a alcanzar, no mereces ser ni un recuerdo de este, mi amargo pasado.

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